lunes, 30 de abril de 2012

Lavandería popular sigue con vida


En la Ermita, sector San Roque en pleno centro de la ciudad, existe un pequeño espacio lleno de historia que se niega a morir. Se trata de la Lavandería Municipal que funciona desde 1950 en este sector. Son las 06h30 de la mañana, un grupo de mujeres se concentra en la puerta de ingreso a la lavandería. Sentadas esperan a que doña Sadia, la administradora abra las puertas. Siete en punto de la mañana el pequeño grupo de mujeres ingresa una a una, van firmando un cuaderno donde hacen constancia su presencia estas usuarias frecuentes de la lavandería, quienes junto a Doña Sadia son las encargadas de realizar las mingas de limpieza que realizan el último sábado de cada mes.



Al ingresar el olor a deja, jabón y cloro invade. El uso de las lavanderías es gratis, el compromiso de cada usuaria es mantener limpio su puesto, acudir a la minga y cumplir con el horario ya que la lavandería está abierta hasta las 14:00. De las 92 piedras de lavar disponibles, alrededor de 40 son utilizadas a diario, muy pocas veces son usadas todas a la vez.



El hecho de que los dueños de casa no dejan utilizar las lavanderías, es la principal causa para que acudan a este lugar público, en donde tienen amplios espacios hasta para que la ropa sea secada al sol. Las usuarias son amigas, se conocen sus historias y hasta se ayudan a solventar sus problemas, según comentan, además “la conversa es buena”, dicen en medio de risas.



Otras en cambio, como Doña Bachita de 63 años, quien a la edad de 5 años perdió todos sus dedos de la mano izquierda, acude al sitio porque su manera de subsistir es lavando ropa.



La lavandería da vida al sector. Hay movimiento por las personas que llegan a lavar ropa. Todos los días observar un desfile de mujeres, niños y hombres, cargando tinas, saquillos repletos de ropa, comprando jabón, trabajando, en fin es un ritmo de vida que sólo aquí se lo encuentra.




















martes, 13 de marzo de 2012

"No es no"


Marcha de las putas en Quito 


La chispa se encendió en el Canadá luego de que un oficial de la Policía de Toronto dijera en enero del año pasado, en medio de una conferencia sobre seguridad, que "las mujeres deben evitar vestirse como "putas" para no ser víctimas de la violencia sexual".

De nada sirvieron las posteriores disculpas del uniformado. El 3 de abril de 2011, más de 3 000 personas, mujeres en su mayoría, marcharon por las calles de la capital canadiense indignadas por estas declaraciones que las hacían ver como las culpables de los casos de abuso sexual y violación.

Lo que se inició como un acto de protesta se convirtió luego en un fenómeno planetario denominando "Marcha de las Putas", cuyo objetivo, bajo el lema: "No es no", es la reivindicación de la mujer frente a los estereotipos que se le asignan por su forma de vestirse, maquillarse y hasta caminar. 

Londres, Sídney, Nueva York, México, Bogotá, Lima y otras ciudades han acogido ya en sus calles este movimiento que denuncia la existencia de una cultura en la que se culpa a la víctima más que al violador o al abusador, y fue el turno de Quito.

La Marcha de las Putas protesto contra la violencia, sea esta psicológica, física o emocional que afecta a la mujer. 

Aunque en su mayoría no comparten el oficio de la prostitución, las participantes de las movilizaciones decidieron utilizar el término "putas" dada la carga de violencia que su uso genera. Puesto que una mujer puede ser llamada de este modo para ser denigrada, la finalidad es reapropiarse de esta palabra. 

Según cifras del proyecto Cartas de Mujeres, auspiciado por la ONU Mujeres y el Municipio de Quito, el 6% de las mujeres del Distrito reportó haber sufrido acoso o abuso sexual al menos una vez en su vida. Asimismo, las estadísticas del proyecto dan cuenta de que el 50% de los hombres en Quito admite haber tocado obscenamente a una mujer.
Mientras, cifras de la campaña Reacciona Ecuador el Machismo es Violencia revelan que ocho de cada 10 mujeres han sido víctimas de violencia física o psicológica alguna vez en su vida.














domingo, 22 de enero de 2012

CAMBIAN LOS HÁBITOS


                                      Las lluvias alteran el ritmo de vida de los capitalinos
El fuerte aguacero que cayó ayer -desde la madrugada hasta pasado el mediodía- obligó a la ciudadanía a cambiar su vestimenta y salir temprano, además de sufrir las molestias de la usual congestión vehicular. Parece mentira, pero no lo es. Una lluvia altera planes, hábitos, horarios, comidas y otras actividades cotidianas, mucho más si es en las primeras horas de la mañana en que la ciudadanía se moviliza a sus actividades diarias. Ayer fue la evidencia de lo anotado. El aguacero  no tomó por sorpresa a la ciudadanía, que con sombrilla en manos y abrigos, botas, guantes y gorras salió de sus viviendas a cumplir con sus labores diarias.  En toda la ciudad el tráfico vehicular estuvo congestionado. En un pasillo del Palacio Municipal, José Jaramillo, de 65 años, estaba reunido con sus amigos jubilados. No pudieron reunirse a media mañana en la Plaza Grande como es costumbre, inclusive la tristeza afloró.
































  

lunes, 21 de noviembre de 2011